Un gran general, había tomado la decisión de atacar al enemigo, a pesar de que sus tropas fueran ampliamente inferiores en número. Él estaba seguro que vencerían, pero sus hombres no lo creían mucho. En el camino, se detuvo delante de un santuario y dijo a sus guerreros
Voy a recogerme y a pedir la ayuda. Después lanzaré una moneda. Si sale cara venceremos, si sale cruz perderemos. Estamos en las manos del destino.Después de haberse recogido unos instantes, salió del templo y arrojó una moneda. Salió cara. La moral de las tropas subió de golpe. Los guerreros, firmemente convencidos de salir victoriosos combatieron de una forma tan extraordinaria que ganaron la batalla rápidamente.
Después de la victoria, el ayuda de campo del general le dijo:Nadie puede cambiar el destino. Esta victoria inesperada es una nueva prueba.
¿Quién sabe? respondió el general, al mismo tiempo que le enseñaba una moneda... trucada, que tenía cara en ambos lados.
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