martes, 29 de mayo de 2018


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“Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre”. Es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla. Lento, lento, impreciso. Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño ya no quiere estar solo. Es cuando el padre, una vez firme e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar. Es cuando el padre, que en otro tiempo había mandado y ordenado, hoy solo suspira, solo gime, y busca dónde está la puerta y la ventana - todo corredor ahora está lejos. Es cuando uno de los padres antes dispuesto y trabajador fracasa en ponerse su propia ropa y no recuerda tomar sus medicamentos. Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa sino aceptar que somos responsables de esa vida. Aquella vida que nos engendró depende de nuestra vida para morir en paz. Todo hijo es el padre de la muerte de su padre. Tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo. Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas. Y así como adaptamos nuestra casa para cuidar de nuestros bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora vamos a cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres. La primera transformación ocurre en el cuarto de baño. Seremos los padres de nuestros padres los que ahora pondremos una barra en la regadera. La barra es emblemática. La barra es simbólica. La barra es inaugurar el “destemplamiento de las aguas”. Porque la ducha, simple y refrescante, ahora es una tempestad para los viejos pies de nuestros protectores. No podemos dejarlos ningún momento. La casa de quien cuida de sus padres tendrá abrazaderas por las paredes. Y nuestros brazos se extenderán en forma de barandillas. Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir escaleras sin escalones. Seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación. Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados. ¿Cómo no previmos que nuestros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros? Nos lamentaremos de los sofás, las estatuas y la escalera de caracol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra. Feliz el hijo que es el padre de su padre antes de su muerte, y pobre del hijo que aparece sólo en el funeral y no se despide un poco cada día. Mi amigo Joseph Klein acompañó a su padre hasta sus últimos minutos. En el hospital, la enfermera hacía la maniobra para moverlo de la cama a la camilla, tratando de cambiar las sábanas cuando Joe gritó desde su asiento: Deja que te ayude. Reunió fuerzas y tomó por primera vez a su padre en su regazo. Colocó la cara de su padre contra su pecho. Acomodó en sus hombros a su padre consumido por el cáncer: pequeño, arrugado, frágil, tembloroso. Se quedó abrazándolo por un buen tiempo, el tiempo equivalente a su infancia, el tiempo equivalente a su adolescencia, un buen tiempo, un tiempo interminable. Meciendo a su padre de un lado al otro. Acariciando a su padre. Calmando él a su padre. Y decía en voz baja:

- ¡Estoy aquí, estoy aquí, papá! “Lo que un padre quiere oír al final de su vida es que su hijo está ahí”.

Carlos Fuentes.



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Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla...
Alfonsina Storni.
EL ÁRBOL TRISTE

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Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol 

profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era. 

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: 

- Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es? 

- No lo escuches, exigía el rosal, es más sencillo tener rosas y ¿Ves qué bellas son?. 

Y el árbol desesperado intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado. 

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: 

- No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior. - Y dicho esto, el búho desapareció. 

- ¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? , se preguntaba el árbol desesperado, cuando, de pronto, comprendió... 

Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: 

Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión: cúmplela. 

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. 

Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz. 

Yo me pregunto al ver a mi alrededor... 

- ¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? 

- ¿Cuántos serán rosales que, por miedo al reto, sólo dan espinas? 

- ¿Cuántos naranjos que no saben florecer? 

En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar... 

No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. Démonos ese regalo a nosotros mismos y también a quienes amamos.

MI OTRA MUJER…MI MADRE


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Mi esposa me recomendó salir con otra mujer. “Tu sabes que la amas” – me dijo un día, tomándome por sorpresa. La vida es muy corta, dedícale tiempo.
“Pero yo te amo a Ti” – protesté.
Lo sé. Pero también la amas a Ella.
La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi Madre, viuda desde hace años, pero por las exigencias de mi trabajo y mis cosas hacían que sólo la visitara ocasionalmente.
Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.
“¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?” me preguntó.
Mi madre es una mujer que una llamada tarde en la noche o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.
“Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo”, le respondí. “¡Los dos solitos!…“
“¿Qué opinas?“. Reflexionó sobre ello un momento. “Me gustaría muchísimo“, dijo.
Ese viernes mientras conducía para recogerla después de mi trabajo me encontraba nervioso, era el nerviosismo que antecede una cita… y por Dios, cuando llegué a su casa, vi que ella también estaba muy emocionada.
Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el pelo y usaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un ángel.
“Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mostraron muy emocionadas” – me comentó mientras subía a mi auto – “No podrán esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada“.
Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero si muy acogedor, mi madre se aferró a mi brazo como si fuera “La Primera Dama de la Nación”.
Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú. Sus ojos sólo veían grandes figuras. Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mi Mamá está sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba.
Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios. “Era Yo quien te leía el menú cuando eras pequeño ¿Recuerdas…?“
“Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor” – respondí.
Durante la cena tuvimos una agradable conversación, nada extraordinario, sólo ponernos al día uno con la vida del otro.
Hablamos tanto que nos perdimos el cine.
“Saldré Contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar“, dijo mi madre cuando la llevé a su casa, la sentí, la besé, la abracé.
“¿Cómo estuvo la cita?” – quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.
“Muy agradable, gracias. Mucho más de lo que imagine“, le contesté.
Días más tarde mi Madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer nada.
Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo y una nota que decía:
“La cena está pagada por anticipado, estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para ti y tu esposa, jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mi. ¡Te amo!“
En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo “TE AMO” y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu familia, dales tiempo porque ellos no pueden esperar.
Si tu Madre vive… disfrútala.
Si no vive… recuérdala. 
Ten presente que el tiempo que pasa, nunca vuelve.


jueves, 8 de febrero de 2018

El Mendigo y yo
Se acercaba mi cumpleaños y quería este año pedir un deseo especial al apagar las velas de mi pastel, caminando por el parque me senté al lado de un mendigo que estaba sentado en uno de los bancos el mas retirado, viendo dos palomas revolotear cerca del estanque y me pareció curioso ver al hombre de aspecto abandonado, mirar las avecillas con una sonrisa en la cara que parecía eterna.
Me acerque a él con la intención de preguntarle por que estaba tan feliz, quise también sentirme afortunado al conversar con él para sentirme más orgulloso de mis bienes, por que yo era un hombre al que no le faltaba nada; tenia un trabajo que producía mucho dinero, tenía hijos a los cuales tampoco les faltaba nada tenían todo lo que quisieran tener, gracias a mis interminables horas de trabajo no les faltaba nada ni a mi esposa ni a mi familia completa, me acerque entonces al hombre y le pregunté:
Caballero ¿Qué pediría usted como deseo de cumpleaños? Pensando yo que el hombre me contestaría “dinero” y así de paso yo darle unos billetes que tenìa y hacer la obra de caridad del año; no sabe usted mi asombro cuando el hombre me contesta lo siguiente con la misma sonrisa en su rostro que no se le había borrado y nunca se borro; “- Amigo si pidiese algo más de lo que tengo sería muy egoísta, yo ya he tenido de todo lo que necesitas un hombre en la vida y más.
Con mis padres y mi hermano antes de perderlos una tarde de junio, hace mucho conocí el amor de mi padre y de mi madre que se desvivían por darme todo el amor que les era posible dentro de nuestras limitaciones económicas, al perderlos, sufrí muchísimo pero entendí que hay otros que nunca conocieron ese amor y me sentí mejor.
Cuando joven conocí una niña de la cual me enamoré perdidamente, un día la bese y estallo en mi el amor hacia aquella joven tan bella que cuando luego se marcho mi corazón sufrió tanto, recordé ese momento y pensé que hay personas que nunca han conocido al amor y me sentí mejor.
Un día en este parque un niño correteando cayo al piso y comenzó a llorar, yo fui, lo ayude a levantarse, le seque las lagrimas con mis manos y jugué con él por unos instantes más y aunque no era mi hijo me sentí padre y me sentí feliz porque pensé que muchos no han conocido eses sentimiento.
Cuando siento frió y hambre en el invierno, recuerdo la comida de me madre y el calor de nuestra pequeña casita y me siento mejor porque hay tantos que nunca lo han sentido y tal vez nunca lo sientan; cuando consigo dos piezas de pan comparto una con otro mendigo del camino y siento el placer que da compartir con quien lo necesita, recuerdo que hay tantos que jamás sentirán eso.
Mi querido amigo que más puedo pedir a Dios o a la Vida, cuando lo he tenido todo! Y lo más importante es que estoy consciente de ello, puedo ver la vida en su más simple expresión como estas dos palomitas jugando; ¿Qué necesitan ellas? Lo mismo que yo, nada! Estamos agradecidos al cielo por esto y sé que usted pronto lo estará también.”
Miré hacía el suelo un segundo como perdido en la grandeza de las palabras de aquel sabio que me había abierto los ojos con su sencillez; cuando miré a mi lado ya no estaba, solo las palomitas y un arrepentimiento enorme de la forma en que yo había vivido... sin haber conocido la vida.
Jamás pensé que aquel mendigo, tal vez un ángel enviado por el Señor; me daría el regalo mas precioso que se le puede dar a un ser humano… La Humildad !

martes, 5 de diciembre de 2017

CADA PERSONA ES RESPONSABLE DE SUS PROBLEMAS



Había estado adelgazando peligrosamente y estaba deprimiéndose. Era irritable, gruñona y amargada.
Hasta que un día, de pronto, ella cambió. La situación estaba igual, pero ella era distinta.
"Viejita -dijo mi padre- llevo tres meses buscando trabajo y no he encontrado nada, voy a echarme unas chelas con los amigos."
-Ah, okey.-Contestaba mi madre. -Ya encontrarás.
"Mamá -dijo mi hermano- reprobe todas las materias en la facultad."
-Ah, okey. -Respondió mi madre. -Ya te recuperarás y si no pues repites el semestre. Pero te lo pagas tú.
"Mamá- dijo mi hermana- Choqué el carro."
-Ah, okey. -Suspiró mi madre. -llévalo al taller, busca como pagar y por lo pronto muévete en combi.

"Nuera -llegó diciendo su suegra, que siempre la fustigaba y encaraba-, vengo a pasar unos meses con ustedes."
-Ah, okey. -dijo mi madre. -Acomódese en el sillón y agarre unas cobijas del clóset.
Todos se reunieron preocupados al ver estas "no reacciones" de mi madre. Sospechaban que hubiera ido al médico para que le recetara unas pastillas de Alpinchimadrina de 1000 mgs.
Seguramente estaría ingiriendo una sobredosis.
Propusimos hacer una "intervención" a mi madre para alejarla de cualquier posible adicción que tuviera hacia algún medicamento anti-encabritamiento.
Pero cual fue nuestra sorpresa que, cuando nos reunimos en torno a ella, explicó:
-"Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que cada quien es responsable de su vida. Me tomó años descubrir que mi angustia, mi mortificación, mi depresión, mi enojo, mi insomnio y mi estrés, no sólo NO resolvían sus problemas sino que AGRAVABAN los míos.

YO NO SOY RESPONSABLE DE LAS ACCIONES DE LOS DEMÁS, PERO SÍ SOY RESPONSABLE DE LAS REACCIONES QUE EXPRESE ANTE ESO.

Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi deber para conmigo misma es mantener la calma y dejar que cada quien resuelva lo que le corresponde. He tomado cursos de yoga, de meditación, de Milagros, de Desarrollo Humano, de Higiene Mental y de Programación Neurolingüística... y hay un común denominador: QUE YO SÓLO PUEDO TENER INJERENCIA SOBRE MÍ MISMA, USTEDES TIENEN TODOS LOS RECURSOS NECESARIOS PARA RESOLVER SU PROPIA VIDA.

Yo sólo podré darles mi consejo si acaso me lo pidieran y de ustedes depende seguirlo o no. Así que de hoy en adelante, yo dejo de ser el receptáculo de sus responsabilidades, el costal de sus culpas, la lavandera de sus remordimientos, la abogada de sus faltas, la depositaria sus deberes o su llanta de refacción para cumplir sus responsabilidades.

Los declaro a todos adultos independientes y autosuficientes."

Todos se quedaron mudos.
Ese día la familia comenzó a funcionar mejor...
Porque cuando mamá está bien, todos en la casa sabrán lo que les toca hacer...


EL SACO DE PLUMAS

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", 
a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".
El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.
Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.
Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.
Sal a la calle y búscalas".
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.
Al volver, el hombre sabio le dijo:
"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".